Primaria. Tercer grado.

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Escribir un relato autobiográfico para compartir

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Lo que conozco
I. Lee este fragmento. Mientras lo haces imagina los lugares y los personajes, y trata de deducir quién narra: si es hombre o mujer, qué edad tiene y otros datos del auto

Respuesta:

Narra un hombre que nació hace más de cien años por lo que seguramente ya falleció Debió de ser un hombre relacionado con el arte.


II.I. Lee este fragmento. Mientras lo haces imagina los lugares y los personajes, y trata de deducir quién narra: si es hombre o mujer, qué edad tiene y otros datos del autor

Respuesta:

Narra una mujer que nació hace cien años. Ella platica sobre su infancia y sobre su padre que era comerciante.

Haz una breve exposición sobre lo que se cuenta
¿Quién narra?

Respuesta:

Uno lo narra José Clemente Orozco y el otro María Teresa González.

¿Qué información tienes sobre el narrador?

Respuesta:

José nació un 23 de noviembre en Zapotlan el grande, cuando tenia dos años se mudaron a Guadalajara y después a la CDMX. Ahí entro a la escuela y cerca trabajaba Posada en sus grabados y a él le encantaba verlos. Así fue que despertó su imaginación y conoció el arte de la pintura.


María nació un 28 de mayo, a las tres de la mañana antes de que le llevaran gallo a su tía. Vivió entre su pueblo y San Luis ahí estudio. Su papa era comerciante, ella y su hermana se comían los mangos y las nueces de su papá. Le gustaba subirse a los árboles, tuvo una hermosa niñez.

¿Cómo te lo imaginas?

Respuesta:

Chicos y felices.

¿Qué edad calculas que tiene el autor cuando recuerda esas anécdotas?

Respuesta:

Unos 10 años.

¿De quién habla principalmente el narrador?

Respuesta:

De el mismo, de su vida personal.

¿Quién es el personaje principal de cada texto?

Respuesta:

Ellos mismos.

¿Qué puedes deducir o concluir a partir de lo que narra?

Respuesta:

Que tuvieron una infancia feliz y que se dedicaron a lo que les gustó.

Lo que conozco
Quién fue Maria Teresa González Ramirez

Respuesta:

Nació en Ciudad de México en 1967. Trabaja y vive entre Ciudad de México y Varese (Italia), ha participado en varias exposiciones Nacionales e Internacionales en museos y galerías privadas.

Se graduó en Ciencias de la Comunicación y Relaciones Públicas en la Universidad Latinoamericana (ULA) en Ciudad de México (1992).

En 1996 nace su verdadera pasión y deja todo por abrazar el arte, este paso así importante la motiva a frecuentar numerosos cursos que le han permitido de tener una mejor y mayor formación del diseño, composición y técnicas diferentes.

El viajar por los estados Unidos, América Latina y Europa, la pone en contacto con las experiencias más innovadoras del momento, esto le ha permitido desarrollar su personal camino artístico juzgada por los críticos de arte y periodistas, de una grande fuerza expresiva y de un grande impacto emocional, pero también de pequeñas ternuras femeninas.

Adopta desde el inicio de su múltiple búsqueda artística muchas más formas expresivas. La particularidad de su lenguaje poético de los últimos años se basa en la idea de la “LUZ” representada con un material de uso común como son las bombillas, donde el concepto de LUZ/VIDA llega a ser mas fuerte y donde el visitante que la utiliza viene totalmente involucrado a continuar, él mismo, el camino espiritual sugerido por la Artista.

En sus diseños, en sus pinturas, en sus fotografías, en sus esculturas y en sus instalaciones la Gonzalez demuestra una vez más su gran capacidad de manipular en modo diferente los materiales y el espacio. Es como si la Artista deseara plasmar en sus obras su filosofía y su forma de pensar sobre el concepto de la LUZ, que para ella es la “Esencia de la vida” y así poder dar a cada uno la posibilidad de llevar consigo mismo en su personal camino espiritual la oportunidad de utilizarla en el momento que más la necesite. Justamente en el camino individual es donde se pueden encontrar los elementos básicos de la vida que son: LA LUZ, EL AGUA y EL SUEÑO.

En sus instalaciones y en las esculturas, es donde la Artista realiza claramente y con mayor fuerza su lenguaje poético, estas las plasma con diferentes formas que caracterizan su ultima producción. En este caso, hierro y bombillas de luz, lienzos y acrílico son la materia cromática que transforma la obra y que expande en el espacio.

La artista explorar el animo humano en la búsqueda constante de esa “LUZ” interior profunda que todos y cada uno de nosotros poseemos, pero que casi siempre ocultamos detrás de las más diferentes pobrezas personales. La Artista hace un invito constante a buscar dentro de uno mismo esa “Bombilla de Luz” que dará la oportunidad de evitar esa obscuridad y silencio que a menudo uno mismo se puede encontrar.

Este es un discurso de esperanza y de fé, para que no se apague jamás la “LUZ” de la felicidad y apreciar la importancia de vivir con plenitud la vida.

Sus obras son la esencia de lo que observan sus ojos, de lo que siente su corazón y de los olores que captura su olfato. Su búsqueda artística no puede estar dentro de medidas establecidas, rompe los limites como lo hace un rió en plena fuerza y se extiende sin freno por doquier nutriéndose de todo lo que encuentra a su paso para transformarlo en Arte.


Quién fue José Clemente Orozco

Respuesta:

(Zapotlán, actual Ciudad Guzmán, 1883 - México, 1949) Muralista mexicano. Unido por vínculos de afinidad ideológica y por la propia naturaleza de su trabajo artístico a las controvertidas personalidades de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo, José Clemente Orozco fue uno de los creadores que, en el fértil período de entreguerras, hizo florecer el arte pictórico mexicano gracias a sus originales creaciones, marcadas por las tendencias artísticas que surgían al otro lado del Atlántico, en la vieja Europa.

José Clemente Orozco

Orozco colaboró al acceso a la modernidad estética de toda Latinoamérica, aunque la afirmación tenga sólo un valor relativo y deban considerarse las peculiares características del arte que practicaba, poderosamente influido, como es natural, por la vocación pedagógica y el aliento político y social que informó el trabajo de los muralistas mexicanos. Empeñados éstos en llevar a cabo una tarea de educación de las masas populares, con objeto de incitarlas a la toma de conciencia revolucionaria y nacional, debieron buscar un lenguaje plástico directo, sencillo y poderoso, sin demasiadas concesiones al experimentalismo vanguardista.

A los veintitrés años ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Carlos para completar su formación académica, puesto que su familia había decidido que aprovechara sus innegables condiciones para el dibujo en "unos estudios que le aseguraran el porvenir y que, además, pudieran servir para administrar sus tierras", por lo que el muchacho inició la carrera de ingeniero agrónomo. El destino profesional que el entorno familiar le reservaba no satisfacía en absoluto las aspiraciones de Orozco, que muy pronto tuvo que afrontar las consecuencias de un combate interior en el que su talento artístico se rebelaba ante unos estudios que no le interesaban. Y ya en 1909 decidió consagrarse por completo a la pintura.

Durante cinco años, de 1911 a 1916, para conseguir los ingresos económicos que le permitieran dedicarse a su vocación, colaboró como caricaturista en algunas publicaciones, entre ellas El Hijo del Ahuizote y La Vanguardia, y realizó una notable serie de acuarelas ambientadas en los barrios bajos de la capital mexicana, con especial presencia de algunos antros nocturnos muchas veces sórdidos, demostrando en ambas facetas, la del caricaturista de actualidad y la del pintor, una originalidad muy influida por las tendencias expresionistas.

Katharsis (1934-35), de José Clemente Orozco

De esa época es, también, su primer cuadro de grandes dimensiones, Las últimas fuerzas españolas evacuando con honor el castillo de San Juan de Ulúa (1915), y su primera exposición pública, en 1916, en la librería Biblos de Ciudad de México, constituida por un centenar de pinturas, acuarelas y dibujos que, con el título de La Casa de las Lágrimas, estaban consagrados a las prostitutas y revelaban una originalidad en la concepción, una búsqueda de lo "diferente" que no excluía la compasión y optaba, decididamente, por la crítica social.

Puede hallarse en las pinturas de esta primera época una evidente conexión, aunque no una visible influencia, con las del gran pintor francés Toulouse-Lautrec, ya que el mexicano realizó también en sus lienzos una pintura para "la gente de la calle", lo que se ha denominado "el gran público", y ambos eligieron como tema y plasmaron en sus telas el ambiente de los cafés, los cabarets y las casas de mala nota.

Orozco consiguió dar a sus obras un cálido clima afectivo, una violencia incluso, que le valió el calificativo de "Goya mexicano", porque conseguía reflejar en el lienzo algo más que la realidad física del modelo elegido, de modo que en su pintura (especialmente la de caballete) puede captarse una oscura vibración humana a la que no son ajenas las circunstancias del modelo. Conservó este sobrenombre para dar testimonio de la Revolución Mexicana con sus caricaturas en La Vanguardia, uniéndose de ese modo a la tradición satírica inaugurada, a finales del siglo XIX, por Escalante y Villanuesa.

Un año decisivo

Una fecha significativa en la trayectoria pictórica de José Clemente Orozco es el año 1922. Por ese entonces se unió a Diego RiveraDavid Alfaro SiqueirosRufino Tamayo y otros artistas para iniciar el movimiento muralista mexicano, que tan gran predicamento internacional llegó a tener y que llenó de monumentales obras las ciudades del país. De tendencia nacionalista, didáctica y popular, el movimiento pretendía poner en práctica la concepción del "arte de la calle" que los pintores defendían, poniéndolo al servicio de una ideología claramente izquierdista.

José Clemente Orozco

Desde el punto de vista formal, la principal característica de los colosales frescos que realizaba el grupo era su abandono de las pautas y directrices académicas, pero sin someterse a las "recetas" artísticas y a las innovaciones procedentes de Europa: sus creaciones preferían volverse hacia lo que consideraban las fuentes del arte precolombino y las raíces populares mexicanas. Los artistas crearon así un estilo que se adaptaba a la tarea que se habían asignado, a sus preocupaciones políticas y sociales y su voluntad didáctica; más tarde (junto a Rivera y Siqueiros) actuó en el Sindicato de Pintores y Escultores, decorando con vastos murales numerosos monumentos públicos y exigiendo para su trabajo, en un claro gesto que se quería ejemplarizante y reivindicativo, una remuneración equivalente al salario de cualquier obrero.

Orozco era pues un artista que optó por el "compromiso político", un artista cuyos temas referentes a la Revolución reflejan, con atormentado vigor e insuperable maestría, la tragedia y el heroísmo que llenan la historia mexicana, pero que dan fe también de una notable penetración cuando capta los tipos culturales o retrata el gran mosaico étnico de su país.

Embajador artístico e incansable viajero

En 1928 el artista decide realizar un viaje por el extranjero. Se dirigió a Nueva York para presentar una exposición de sus Dibujos de la Revolución; inició de ese modo una actividad que le permitirá cubrir sus necesidades, pues Orozco se financia a partir de entonces gracias a sus numerosas exposiciones en distintos países. Su exposición neoyorquina tuvo un éxito notable, que fructificó dos años después, en 1930, en un encargo para realizar las decoraciones murales para el Pomona College de California, de las que merece ser destacado un grandilocuente y poderoso Prometeo; en 1931 decoró, también, la New School for Social Research de Nueva York.

Detalle de Prometeo (1930)

Pero pese a haber roto con los moldes academicistas y a su rechazo a las innovaciones estéticas de la vieja Europa, el pintor sentía una ardiente curiosidad, un casi incontenible deseo de conocer un continente en el que habían florecido tantas civilizaciones. Los beneficios obtenidos con su trabajo en Nueva York y California le permitieron llevar a cabo el soñado viaje. Permaneció en España e Italia, dedicado a visitar museos y estudiar las obras de sus más destacados pintores.

Se interesó por el arte barroco y, desde entonces, puede observarse cierta influencia de estas obras en sus posteriores realizaciones, sobre todo en la organización compositiva de los grupos humanos, en la que son evidentes las grandes diagonales, así como en la utilización de los teatrales efectos del claroscuro (aprendido en el estudio de las obras de Velázquez y Caravaggio), cuya aplicación le permitió conseguir en sus creaciones un poderoso efecto dramático del que hasta entonces carecía, gracias al contraste entre luces y sombras y a las mesuradas gradaciones del negro en perspectivas aéreas.

Se dirigió luego a Inglaterra; pero el carácter inglés, que le parecía "frío y poco apasionado", no le gustó en absoluto y, tras permanecer breve tiempo en París para tomar contacto con "las últimas tendencias del momento", decidió emprender el regreso a su tierra natal. Allí inició de nuevo la realización de grandes pinturas murales para los edificios públicos.

Con la clara voluntad de ser un intérprete plástico de la Revolución, José Clemente Orozco puso en pie una obra monumental, profundamente dramática por su contenido y sus temas referidos a los acontecimientos históricos, sociales y políticos que había vivido el país (contemplados siempre desde el desencanto y desde una perspectiva de izquierdas extremadamente crítica), pero también por su estilo y su forma, por el trazo, la paleta y la composición de sus pinturas, puestas al servicio de una expresividad violenta y desgarradora.

Dioses del mundo moderno (1932)

Su obra podría enmarcarse en un realismo ferozmente expresionista, fruto tal vez de su contacto con las vanguardias parisinas, a pesar de su consciente rechazo de las influencias estéticas del Viejo Mundo; el suyo es un expresionismo que se manifiesta en grandes composiciones, las cuales, por su rigor geométrico y el hieratismo de sus robustos personajes, nos hacen pensar, hasta cierto punto, en algunos ejemplos de la escultura precolombina. Hay que recordar al respecto que Orozco, Rivera y Siqueiros (el "grupo de los tres", como les gustaba llamarse) defendían el regreso a los orígenes (es decir, a la pureza de formas del arte azteca y de la cultura maya) como principal característica de su trabajo artístico.

Una vastísima obra monumental

Cuando, en 1945, publicó su autobiografía, el cansancio por una lucha política muchas veces traicionada, el desencanto por las experiencias vividas en los últimos tiempos y, tal vez, también el inevitable paso de los años, se concretan en unas páginas de evidente cinismo de las que brota un aura desengañada y pesimista. Europa nunca llegó a comprenderle, porque sus inquietudes estaban muy alejadas de las preocupaciones que agitaban, en su época, al continente, y porque no entendía, tampoco, el contexto social en el que Orozco se movía.

Su gigantismo, sus llamativos colores, aquella figuración narrativa que caía, de vez en cuando, en lo anecdótico, respondían en definitiva a una lucha, a unas necesidades objetivas que parecieron exóticas en el contexto europeo. Era un arte que pretendía servir al pueblo, ponerse al servicio de cierta interpretación de la historia, en unos murales de convincente fuerza expresiva.

Hay que poner de relieve, como muestra del trabajo y las líneas creativas del pintor, las obras que realizó, entre 1922 y 1926, para la Escuela Nacional Preparatoria de México D. F., entre las que hay un Cortés y la Malinche cuyo tema pone de relieve un momento crucial en la historia de México, en trazos transidos de luces y sombras. De 1932 a 1934, realizó para la Biblioteca Baker del Darmouth College de Hannover (New Hampshire, Estados Unidos) una serie de seis frescos monumentales, uno de los cuales, La enseñanza libresca genera monstruos, además de aludir oscuramente a su maestro Goya, supone una sarcástica advertencia en un edificio destinado, precisamente, a albergar la biblioteca de una institución docente.

Para la Suprema Corte de Justicia de México D. F., Orozco realizó dos murales que son un compendio de las obsesiones de su vida: La justicia y Luchas proletarias, pintados durante 1940 y 1941. Por fin, en 1948 y para el Castillo de Chapultepec, en México D. F., Orozco llevó a cabo el que debía ser su último gran mural, como homenaje a uno de los políticos que, por sus orígenes indígenas y su talante liberal, más cerca estaban del artista: Benito Juárez.

Miembro fundador de El Colegio Nacional y Premio Nacional de Artes en 1946, practicó también el grabado y la litografía. Dejó, además, una abundante obra de caballete, caracterizada por la soltura de su técnica y sus pinceladas amplias y prolongadas; sus lienzos parecen a veces una sinfonía de tonos oscuros y sombríos, mientras en otras ocasiones su paleta opta por un colorido brillante y casi explosivo.

Entre sus cuadros más significativos hay que mencionar La hora del chulo, de 1913, buena muestra de su primer interés por los ambientes sórdidos de la capital; Combate, de 1920, y Cristo destruye su cruz, pintado en 1943, obra de revelador título que pone de manifiesto la actitud vital e ideológica que informó toda la vida del artista. De entre sus últimas producciones en caballete, el Museo de Arte Carrillo, en México D. F., alberga una Resurrección de Lázaro pintada en 1947, casi al final de su vida.

En la producción de sus años postreros puede advertirse un afán innovador, un deseo de experimentar con nuevas técnicas, que se refleja en el mural La Alegoría nacional, en cuya realización utilizó fragmentos metálicos incrustados en el hormigón. Su aportación a la pintura nacional y la importancia de su figura artística llevaron al presidente Miguel Alemán a ordenar que sus restos recibieran sepultura en el Panteón de los Hombres Ilustres.


Autobiografías
¿Quién narra la vida de los personajes?

Respuesta:

El narrador o autor de los textos.


¿Qué sucesos se incluyen en las autobiografías?

Respuesta:

Las vivencias del narrador que cuenta su historia y la de las personas que lo rodearon.


¿En qué tiempo verbal se narran los acontecimientos?

Respuesta:


En pasado


¿En qué orden se narran los sucesos?

Respuesta:


En orden cronológico


¿En qué lugar y tiempo sucedieron los hechos recordados?

Respuesta:


En la autobiografía I, los hechos comienzan en Jalisco, en 1883;

en la otra autobiografía los hechos comienzan en algún pueblo del país en 1914.


¿Por qué algunas personas escriben autobiográficas?

Respuesta:


Algunas personas escriben autobiografías porque destacaron

en su ámbito profesional y buscan compartir con los demás sus experiencias.

 


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