La biodiversidad se puede estudiar, proteger y conservar en tres escalas o niveles: genes, especies o ecosistemas. La diversidad genética se refiere a la variación dentro de la misma especie. Asimismo, los ecosistemas incluyen a las diversas especies que se encuentran en un lugar definido, así como las interacciones que ocurren entre ellas (bióticas) y con el entorno (agua, aire, suelo). Estas interacciones pueden darse, incluso, entre ecosistemas muy lejanos, como entre el desierto del Sahara y el Amazonas, donde las arenas y polvos del desierto que cruzan el Atlántico son muy importantes para el funcionamiento de los bosques Amazónicos.